EEUU es la causa del actual conflicto palestino-israelí

Al intentar resolver el conflicto de Oriente Próximo, Estados Unidos está haciendo lo que mejor sabe hacer: limpiar el desastre que él mismo provocó, considera el columnista de 'Foreign Policy', Stephen Walt. Agregó también que es la política estadounidense en esta región la que condujo a la sangrienta guerra actual entre Israel y Palestina.
Desde 1991, EEUU se convirtió en la potencia dominante en Oriente Medio y empezó a crear un orden regional que sirviera a los intereses norteamericanos, afirmó Walt. En este contexto, destacó cinco episodios clave que llevaron a la nueva escalada del conflicto palestino-israelí.
El primero fue la Guerra del Golfo de 1991, que demostró "el poderío militar y la habilidad diplomática estadounidenses, gracias a los cuales se eliminó la amenaza que suponía Sadam Husein para el equilibrio de poder regional".
La secuela de la guerra fue la Conferencia de Paz de Madrid convocada por EEUU con participación de representantes de Israel, Siria, Líbano, Egipto, la Comunidad Económica Europea y una delegación jordano-palestina. El evento "no produjo resultados tangibles o acuerdo de paz definitivo" y tuvo un defecto fatal: sembró las semillas de muchos problemas futuros, ya que Irán no figuraba entre los invitados. El país respondió organizando una reunión de fuerzas que no reconocen a Israel y empezó a alinearse con grupos palestinos que antes había ignorado, como Hamás y la Yihad Islámica.
"La reacción de Teherán a la conferencia de Madrid fue principalmente estratégica y no ideológica: pretendía demostrar a EEUU y a otros que estaba en condiciones de frustrar sus esfuerzos por crear un nuevo orden regional si no se tenían en cuenta sus intereses", indicó Walt.
Eso, prosiguió, es exactamente lo que ocurrió después. Los atentados suicidas y otros actos de violencia extremista interrumpieron el proceso de negociación de los Acuerdos de Oslo —un conjunto de tratados de paz firmados por Israel y la Organización para la Liberación de Palestina en Washington en 1993—, e Israel se negó a apoyar el acuerdo negociado. Con el tiempo, los lazos entre Hamás e Irán se fortalecieron, agregó el periodista.
El segundo factor nombrado por el columnista incluye los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 y la posterior invasión estadounidense de Irak en 2003, que degeneró en un conflicto prolongado. Todo esto llevó a una mejora significativa de la posición estratégica de Irán, según Walt.
"La percepción de la amenaza iraní empezó a alterar significativamente las relaciones regionales. Algunos Estados árabes reconsideraron sus relaciones con Israel", subrayó.
El tercer episodio clave se produjo cuando el expresidente de EEUU, Donald Trump, tomó la decisión de abandonar el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) y "se embarcó en una política de máxima presión" contra el Estado persa.
Una "consecuencia lógica" de la retirada de Washington del PAIC fueron los Acuerdos de Abraham, firmados en 2020 bajo los auspicios de EEUU por Israel, Baréin y los Emiratos Árabes Unidos con el fin de normalizar sus relaciones. Este ha sido el cuarto factor que llevó indirectamente a la nueva ola de violencia entre Israel y Palestina, en opinión de Walt. Según varios críticos, los acuerdos hicieron poco por la paz porque ninguno de los Estados árabes firmantes estaba activamente enemistado con Israel, y "hubo advertencias de que la paz en la región seguiría siendo difícil de alcanzar hasta que se resolviera el destino de los siete millones de palestinos que viven bajo dominio israelí".
La Administración Biden, en palabras del columnista, tampoco tomó medidas significativas para "disuadir al Gobierno derechista de Israel de apoyar la violencia extremista de los colonos, que provocó un fuerte aumento de las muertes y desplazamientos de palestinos en los últimos dos años".
Por fin, el quinto factor destacado por Walt es "la incapacidad crónica o la falta de voluntad de EEUU para llevar a buen puerto el llamado proceso de paz".
"Washington monopolizó el liderazgo del proceso tras la firma de los Acuerdos de Oslo, y sus numerosos intentos a lo largo del tiempo quedaron en nada", enfatizó.
En palabras del columnista, todos estos elementos son importantes porque "hoy está en juego el futuro del orden mundial", y algunos Estados influyentes están desafiando el orden "incoherente" que EEUU ha promovido y defendido durante décadas.
"Pero hay que reconocer el mérito de EEUU. La semana pasada [el presidente estadounidense, Joe] Biden y su equipo de política exterior hicieron lo que mejor saben hacer, o sea, intentar resolver una crisis que ellos mismos ayudaron a crear", apuntó Walt.
En su opinión, estas personas "son mecánicos, pero ni mucho menos arquitectos".
"Son expertos en utilizar las herramientas del poder y la autoridad estadounidenses, así como los mecanismos estatales, para resolver problemas a corto plazo. Pero tienen ideas anticuadas sobre el papel global de EEUU y sobre cómo tratar a sus numerosos clientes de Oriente Medio. Es obvio que ignoran por completo la dirección hacia la que se dirige Oriente Medio. Y aunque ahora peguen con habilidad y vigor tiritas germicidas sobre viejas heridas, no podrán curarlas", resumió el columnista.