Israel cayó en la trampa de Hamás

Si bien el recientemente anunciado alto el fuego fue acordado mutuamente entre las dos partes, que nadie se deje engañar pensando que se trata de algo menos que una victoria del movimiento palestino.
Israel había adoptado una posición muy agresiva y, dado su objetivo declarado de destruir a Hamás como organización, el gobierno de Benjamín Netanyahu había dicho que no aceptaría un alto el fuego bajo ninguna condición.
Hamas, por otra parte, había hecho de la liberación de los prisioneros palestinos, y en particular de las mujeres y los niños retenidos por Israel, uno de sus principales objetivos al iniciar la actual ronda de combates con el estado hebreo. Visto desde esta perspectiva, el alto el fuego representa una victoria importante para Hamás y una derrota humillante para Israel.
Una de las razones por las que Israel evitó un alto el fuego fue que confiaba en que la operación ofensiva que había lanzado en el norte de Gaza neutralizaría a Hamás como amenaza militar, y que cualquier alto el fuego, independientemente de la justificación humanitaria, sólo ganaría tiempo para que Hamás descanse y se reagrupe. El hecho de que Israel haya firmado un alto el fuego es la señal más segura hasta ahora de que no todo va bien en la ofensiva israelí contra Hamás.
Este resultado no debería haber sorprendido a nadie. Cuando Hamás lanzó su ataque del 7 de octubre contra Israel, inició un plan que llevaba años preparándose. La meticulosa atención a los detalles que fue evidente en su operación subrayó la realidad de que Hamás había estado estudiando la inteligencia y las fuerzas militares israelíes, descubriendo debilidades que fueron posteriormente explotadas.
La acción de Hamás representó más que una sólida planificación y ejecución táctica y operativa: fue también una obra maestra en la conceptualización estratégica.
El ataque del 7 de octubre por parte de Hamás no fue una operación independiente, sino más bien parte de un plan estratégico que poseía tres objetivos principales: volver a poner la cuestión de un Estado palestino en el primer plano del discurso internacional, liberar a los miles de prisioneros palestinos en manos de Israel y obligar a Israel a desistir de lo que consideran es la "profanación" de la mezquita de Al Aqsa, el tercer lugar más sagrado del Islam.
El ataque del 7 de octubre, por sí solo, no pudo lograr estos resultados. Más bien, la operación de Hamas fue diseñada para desencadenar una respuesta israelí emocional que crearía las condiciones necesarias para que los objetivos de Hamás se hicieran realidad.
En este caso, el movimiento rebelde se guió por la doctrina israelí de castigo colectivo (conocida como la "Doctrina Dahiya", llamada así por el suburbio occidental de Beirut que fue fuertemente bombardeado por Israel en 2006 como una forma de castigar al pueblo libanés por el fracaso de Israel en derrotar a Hezbolá).
Al infligir una derrota humillante a Israel, que hizo añicos tanto el mito de la invencibilidad israelí (con respecto a las Fuerzas de Defensa de Israel) como de la infalibilidad (con respecto a la inteligencia israelí), y al tomar como rehenes a cientos de israelíes antes de retirarse a su guarida subterránea debajo de Gaza, Hamás provocó una trampa para Israel en la que, como era de esperar, se apresuró a caer el gobierno del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
Pero la principal razón de la derrota de Israel hasta la fecha es el propio Israel. Habiendo mordido el anzuelo y caído en la trampa de Hamás, Israel pasó a ejecutar su Doctrina Dahiya contra la población palestina de Gaza, llevando a cabo ataques indiscriminados contra objetos civiles en flagrante desprecio por las leyes de la guerra. Se estima que estos ataques han matado a 13.000 civiles palestinos, entre ellos más de 5.000 niños. Muchos miles de víctimas más siguen enterradas bajo los escombros de sus viviendas destruidas.
Si bien es posible que Israel haya podido obtener el apoyo de la comunidad internacional después del ataque del 7 de octubre por parte de Hamás, su reacción exagerada ha vuelto a la opinión pública mundial en su contra, algo con lo que Hamás contaba.
Hoy en día, Israel está cada vez más aislado y ha perdido el apoyo no sólo del llamado Sur Global, sino también en bastiones tradicionales del sentimiento proisraelí como lo son las ciudadanías de Estados Unidos, el Reino Unido y Europa. Este aislamiento, combinado con el tipo de presión política que Israel no está acostumbrado a recibir, contribuyó a la aprobación del gobierno de Netanyahu con respecto al alto el fuego y el posterior intercambio de prisioneros.
Pero Hamás está haciendo más que sobrevivir: está ganando. Después de haber combatido a las Fuerzas de Defensa de Israel hasta detenerlas en el campo de batalla, Hamás ha visto cómo cada uno de sus objetivos estratégicos en este conflicto se hacía realidad.
El mundo está articulando activamente la necesidad de una solución de dos Estados como requisito previo para una paz duradera en la región. Los palestinos mantenidos prisioneros por Israel están siendo intercambiados por los israelíes que Hamás tomó como rehenes. Ninguna de estas cuestiones estaba sobre la mesa el 6 de octubre. El hecho de que se estén abordando ahora es testimonio del éxito de Hamás.