Un reciente estudio científico ha descubierto que la pirámide maya conocida como Campana de San Andrés, ubicada en El Salvador, fue construida con rocas que habían sido expulsadas por un volcán.
Los investigadores calculan que hace unos 1.500 años, alrededor del año 539 d.C., el volcán Ilopango, ahora conocido como la caldera de llopango, erupcionó y hasta el día de hoy es considerado como el mayor evento volcánico de Centroamérica en los últimos 10.000 años, también conocido como la erupción de Tierra Blanca Joven (TBJ).
De acuerdo con el estudio publicado en la revista Antiquity, los bloques de piedra cortada y tierra con bloques tallados en tefra, roca expulsada por un volcán, evidencian que la creatividad humana y la adaptación ante un cambio ambiental abrupto eran posibles desde la antigüedad.
Para calcular la edad de la pirámide ubicada a unos 40 kilómetros del volcán, los investigadores utilizaron muestras de carbono tomadas de diferentes materiales de construcción de la pirámide. Esto sugirió que la pirámide databa de entre los 545 y 570 d.C. Así los científicos pudieron deducir que la gente que vivía en el lugar regresó al sitio y comenzó la construcción de la pirámide a los pocos años después de la erupción.
Sin embargo, el epigrafista Dmitri Beliáyev, del Centro de Estudios Mesoamericanos Yuri Knórozov comentó a Sputnik que las conslusiones del arqueólogo mesoamericano y autor del estudio Akira Ichikawa son discutibles ya que existen otros estudios con datos más actualizados que precisan que fue en el año 431 d.C. la fecha en que hizo erupción el volcán Ilopango.
La cantidad de tefra que encontraron los investigadores en la pirámide fue sorprendente. Según el arqueólogo mesoamericano Akira Ichikawa, aunque esta pirámide es el primer monumento conocido en la zona que incluye en su construcción al material volcánico, la estructura podría haber sido percibida como un poderoso significado religioso o cosmológico debido a su origen volcánico.
Los desastres climáticos y ambientales, incluyendo las erupciones volcánicas, estaban relacionadas con el colapso o el declive de las civilizaciones antiguas, pero este descubrimiento demuestra que los pueblos antiguos eran capaces de reconstruirse e innovar sus estructuras ante un impacto destructivo.
