Tradición navideña colombiana peligra por el atasco del comercio mundial

El 8 de diciembre se celebra el Día de las Velitas en Colombia, una tradición católica en la que se consumen unas 150 millones de velas en todo el país. Los productores advierten que no podrán cubrir la demanda por falta de materia prima.
Colombia tiene un profundo arraigo católico. Como lo ha documentado el propio Vaticano en su conocido Anuario Pontificio, el país ocupa los primeros lugares en número de personas que profesan dicha religión.
Esta es una de las razones por las cuales preocupa tanto que la crisis en la producción de parafina afecte la celebración, en los próximos 7 y 8 de diciembre, del Día de las Velitas, una especie de ritual que es la apertura de la temporada navideña.
La noticia se conoció el pasado lunes 8 de noviembre, cuando el gremio productor de velas, la Cooperativa Multiactiva Nacional de Fabricantes de Velas y Velones (Coopfanalvelas), alertó sobre el riesgo de escasez de la materia prima.

Ese riesgo corría por cuenta un asunto puntual: la falta de producción mundial ocurrida este mismo año por la entrada en mantenimiento de las plantas de producción de parafina y, en el caso de Colombia, el mantenimiento de una planta en el municipio de Barrancabermeja (noroccidente), que pertenece a la empresa nacional de petróleos, Ecopetrol, la principal proveedora del material en el país.
"El faltante de parafina viene desde el mes de agosto. Como no hay producción, tratamos de importar, pero ha sido muy duro por la inflación, la crisis de las navieras y el incremento de los precios", cuenta a Sputnik Yohanna Ávila, representante del gremio productor de velas, que reúne a 80 empresas en todo el territorio nacional.

Según los cálculos de los fabricantes, un contenedor de 40 pies que transportaba 28 toneladas de parafina les costaba 1.400 dólares. El precio de ese mismo contenedor, actualmente, se incrementó en más de 1.000%. Es decir, unos 14.000 dólares.
A ese costo logístico hay que sumarle el aumento del precio de la parafina por la falta de producción a nivel mundial que, estima Ávila, se ha incrementado en un 120%.