La Sexta dispensación


Venga tu reino. Al fin la oración de los santos de todas las edades es contestada. La simiente de la mujer ha herido la cabeza de la serpiente. El usurpador ha sido derrotado, y el gobierno ahora descansa sobre los hombres del verdadero gobernador de la tierra. la frente que fue herida por las espinas ahora lleva la Corona. Los pies horadados ahora suben al Trono. La mano también horadada ahora tiene el Cetro. Los reinos de este mundo son ahora los reinos de nuestro Señor, y de Su Cristo: y Él reinará para siempre, Rey de reyes y Señor de señores.
Las espadas de las naciones serán martilladas en rejas de arado y no habrá más guerra. La tierra que ahora gime bajo la maldición será restaurada a su hermosura Edénica, y dará su plenitud. La ferocidad de la creación bruta es el resultado de la caída del hombre con sus penalidades subsecuentes, porque Adán había de tener dominio sobre la
creación animal; pero cuando el Rey de toda la tierra regrese, el lobo morará con el cordero, y la bestia carnívora de la selva comerá paja como un buey. Acerca de las naciones y las gentes del Reino -los judíos han constituido siempre el problema inquietante de los siglos- Israel, antes un refrán, objeto de burla, maldición entre las naciones (Deut. 28:37; Zac. 8:13), ahora restaurado y convertido con la venida de Cristo, será un canal de bendición y de evangelismo entre las naciones, en el Reino Milenial de su Mesías por tanto tiempo rechazado. 
Al final de los mil años de paz en la tierra, Satanás es soltado por la voluntad permisiva de Dios, y de inmediato se deja sentir su mala influencia en la tierra. Rápidamente sopla la llama antigua de revolución contra Dios y su Cristo, y encuentra rebeldes dispuestos a unirse a él en todas partes de la tierra. Esta última revolución contra Dios inspirada por el diablo es terminada pronto por el despliegue del poder atómico del Todopoderoso, fuego del cielo, que consume los ejércitos rebeldes, mientras el Diablo recibe su por tanto tiempo merecida condenación en el lago de Fuego.
Al analizar los tratos pacientes de Dios para con el hombre a través de las edades, y la miserable respuesta del hombre hacia Dios, caemos en el conocimiento de la verdad, de que a pesar de la misericordia, la paciencia y el amor eterno, el hombre le ha faltado a Dios en todas las dispensaciones de los tiempos. La Edad de la inocencia termina con la obstinada desobediencia y su pena de muerte física y espiritual. La Edad de la Conciencia termina con la corrupción universal y la casi extinción de la raza. La Dispensación del Gobierno Humano termina con el menosprecio de Dios y la edificación y engrandecimiento de si mismos, con la consecuente confusión y dispersión. La edad de la Promesa termina con el pueblo de Dios siendo esclavizado y oprimido, fuera de la tierra prometida. La Dispensación de la Ley termina con la creatura crucificando al creador. La Edad de la Gracia termina con guerra contra Dios y Su Cristo. En la Edad del Reino que sigue, bajo el reinado en persona del Señor de Gloria, el poder del diablo es paralizado por un tiempo, las naciones ya no son engañadas por su influencia maligna; sin embargo cuando aquella serpiente antigua es suelta, se encuentra con una multitud dispuesta otra vez a creer a la mentira, servirle y obedecerle. Ciertamente hemos aprendido la lección de las edades, que el corazón del hombre busca de continuo solamente el mal. Que la no regenerada naturaleza humana es la misma desde Edén hasta Magog. Pero gracias a Dios, que a través de las edades, a los que le recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. La sangre de Jesucristo es la única esperanza y el remedio para librar a los hombres de la vieja naturaleza adánica, con su pecado innato, con su culpa y su rebelión contra Dios.
La última escena es la Resurrección de los Muertos en Pecado, la resurrección de condenación. La gran compañía mencionada en Apoc. 20:5 como los otros muertos o aquellos que no tuvieron parte en la primera resurrección, aparecen de pie ante Dios. Los redimidos están allí, los ángeles están allí, tanto los buenos como los reservados al juicio, (2 Pedro 2:4). El libro de la Vida es abierto, y aquellos cuyos nombres no se encuentran escritos en él, son destinados al castigo eterno, que es la Muerte Segunda. Así la Dispensación del Reino termina con el juicio Final, El Gran Trono Blanco.
El Reino Milenial de Cristo.
Las NACIONES en la Edad del Reino. (En el comienzo del Milenio, Satanás es atado "para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años"). Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Mateo 25:31-46.
Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos. Apoc. 11:15.
La cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes y Señor de señores. 1 Tim. 6:15. Dominará... hasta los confines de la tierra... Todos los reyes se postrarán delante de él; Todas las naciones le servirán. Salmo 72.
Y todos los que sobrevivieron de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, a Jehová de los ejércitos... En aquel día estará grabado sobre las campanillas de los caballos: SANTIDAD 
JEHOVA... Zac. 14:16-21.
Los Santos Reinando con Cristo. 
Si sufrimos, también reinaremos con él... II Tim. 2:12.
Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección... serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años. Apoc. 20:6. ... Porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido... y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra. Apoc. 5:9-10.
Israel en la Edad del Reino.
Y sucederá que como fuisteis maldición entre las naciones, oh casa de Judá y casa de Israel, así os salvaré y seréis bendición. Zac. 8:13.
En aquellos días acontecerá que diez hombres de las naciones de toda lengua tomarán del manto a un Judío, diciendo: Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros. Zac. 8:23.
En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David... y lo edificaré como en el tiempo pasado... Y traeré del cautiverio a mi pueblo Israel... los plantaré sobre su tierra, y nunca más serán arrancados de su tierra que yo les di... Amós 9.
La Tierra en el Milenio.
Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está enfrente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio... haciendo un valle muy grande... saldrán de Jerusalén aguas vivas... y ésta será enaltecida... Zac. 14:4-10. Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto. A su tiempo madurará... Eze. 47.
Y el nombre de la ciudad desde aquel día será Jehová-Sama (Jehová allí). Eze. 48:35. Sucederá el aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche. Joel 3:18. ... el que ara alcanzará al segador... Amós 9:13-15.
Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa. Isaías 35:1.
En lugar de la zarza crecerá ciprés, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán. Isaías 55:13. Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león... y un niño los pastoreará... y el león como el buey comerá paja... porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar. Isaías 11:6-9.
El Cielo Nuevo y la Tierra Nueva.
Por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos... en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas... Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. II Pedro 3.
Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron... Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido ... Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo... Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí yo hago nuevas todas las cosas... Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos